Por PATRICIA GILER GUERRERO
En un país que no se distingue por la planificación, se adelantan 3 meses las elecciones porque según las proyecciones más drásticas, existe un 62% de probabilidades de que se desate un intenso Fenómeno del Niño, y por lo tanto, de la noche a la mañana nos convertimos en el “haz de la prevención”, pese a que, según los expertos climatológicos de varias entidades, aún es muy pronto para determinar, de que manera, cuándo y con que intensidad nos afectaría un “Niño”.
Pero, por un momento, vamos a dejar de lado la apreciación político, legal y científica de si es o no procedente, correcto o legítimo semejante cambio de calendario, confiando en que para eso está el Tribunal Contencioso Electoral y la Corte Constitucional, entidades que tendrán que determinar la aceptación y calificación de los argumentos del gobierno para considerar el adelanto de las elecciones como una medida visionaria y ultra preventiva o como una jugada política que inclina la cancha a favor del oficialismo.
Y vamos a concentrarnos más bien en el SENTIDO COMÚN. Si cual un demonio devastador, se acerca un Fenómeno del Niño de tal magnitud y se adelantan las elecciones que se ejecutan básicamente en un solo día, ¿Por qué no se determinan cambios sobre el año escolar? ¿Los niños tendrán que ir hasta febrero a clases? Para ellos no importa que acudan por tres meses más a la escuela en medio de tormentas, ¿ríos desbordados, carreteras interrumpidas y demás peligros que implica este tipo de fenómenos? ¿Por qué no se ha adelantado el calendario escolar aprovechando que no está lloviendo y por lo tanto los estudiantes podrían haber empezado ya las clases? Y no me vengan con temas como gastos inesperados por útiles y uniformes, cuando todos sabemos que, con un plumazo oficial, eso tendría solución, pues basta que decreten que los primeros 30 días los estudiantes no estarán obligados a llevar uniformes o uniformes nuevos y que las primeras semanas servirán para repaso, como normalmente lo hacen.
¿Como se prepara la Secretaria Nacional de Gestión de Riesgos? ¿Qué están haciendo para equiparse ante las catástrofes que esta clase de fenómenos produce? ¿Qué disposiciones hay para ese feroz Fenómeno del Niño? ¿Como, con quién y cuando ha coordinado labores con los COE cantonales para dar asistencia a las zonas que podrían ser afectadas?
Y lo más importante y difícil de lograr diría yo, ¿Qué planes hay para que nuestro corrupto y deteriorado sistema de salud pueda responder de forma sostenida ante una situación tan compleja? ¿Qué presupuesto se ha destinado para ello? ¿Cómo van a afrontar el brote de las típicas epidemias que se desatan por las aguas estancadas?
¿Qué planes hay para asistir al sector productivo? ¿Qué asistencia para los agricultores y ganaderos cuyas tierras son inundables? ¿Cómo se están asegurando vías y puentes para no perder la conectividad si son arrasados por el caudal de los ríos?
Entonces, ¿Nos enfrentamos a un obscuro panorama por el Fenómeno del Niño o una Ficción climatológica que beneficia a un sector político? ¿Cuál de los dos fenómenos es más perjudicial para el país?
