Una nueva temporada ha terminado y con ello llegan algunas cosas: los lamentos de quienes no alcanzaron los objetivos, las correcciones de quienes lograron llegar a algún torneo internacional, y lo más importante, el trabajo que definirá al campeón 2023, que tendrá algunos tintes especiales ese año.
Los nombres de Liga Deportiva Universitaria de Quito e Independiente del Valle no solo resuenan en el territorio nacional, sino también a nivel continental, siendo los 2 últimos campeones de la Copa Sudamericana, así mismo, los de Sangolquí, siendo campeón vigente de la Recopa Sudamericana. Para agregar algo más de mística a esta final es que son los únicos equipos que ostentan títulos internacionales en sus escudos, y los lucen en sus vitrinas. Por otro lado, es la segunda vez que dos equipos de una misma asociación disputan el título desde que adoptamos el sistema de campeonato por finales (desde 2010), los últimos fueron Emelec y Barcelona en 2014.
Pero lo realmente inspirador en esta final, entre ‘albos’ y ‘negri-azules’, es que año a año que salen las convocatorias a selecciones formativas, son estos dos equipos quienes aportan un número importante de elementos a las mismas, el trabajo que estas instituciones les han dedicado a las divisiones inferiores es de admirar, estudiar, y poner en práctica; una verdadera lección de cómo se deben manejar los procesos.
Que el título se lo disputen los únicos equipos que trabajan en formativas, y con títulos internacionales no es cosa de la casualidad, sino del trabajo constante, y a veces, desgastante de sus dirigencias, que no velan por sus intereses, sino por un bien mayor: Repotenciar el Fútbol Ecuatoriano, y que este logre dar el salto de calidad que ya se viene haciendo esperar.
Esto que sirva de lección, a otros clubes que se hacen llamar “grandes”, “gigantes”, o “colosales” que los equipos no solo se arman del arco hacia delante, sino que, sin buenas bases, todo lo que se edifique estará destinado a caer.
