Quito.- Buscar síntomas en internet o consultar herramientas de inteligencia artificial puede ayudar a resolver dudas generales sobre salud, pero no reemplaza la evaluación de un especialista. El desafío está en aprender a contrastar fuentes, evitar el autodiagnóstico y reconocer cuándo acudir a un profesional.

En Ecuador, el 80,1 % de las personas de cinco años o más utilizó internet en julio de 2025, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Este acceso amplía las posibilidades de informarse, pero también exige desarrollar criterios para distinguir contenidos confiables de recomendaciones que podrían no ser adecuadas para cada caso.

En este contexto, Paula Sancho, gerente nacional de Ventas de Humana, participó en el III Foro de Educación e Innovación, organizado por la Cámara Ecuatoriano Británica (BritCham). Su intervención abordó la importancia de la concientización, la prevención y la educación para que las personas puedan tomar decisiones informadas sobre su salud.

“La educación para el desarrollo también implica aprender a tomar decisiones informadas sobre nuestra salud. Es importante reconocer qué información podemos consultar por nuestros propios medios y cuándo necesitamos la orientación de un especialista. Los chequeos oportunos, la actividad física y los hábitos saludables son parte de una cultura de prevención”, señala Paula Sancho.

Llevar este aprendizaje a la vida cotidiana implica comprender los alcances y límites de las herramientas digitales. La IA puede facilitar la comprensión de conceptos médicos y ayudar a preparar preguntas para una consulta. Sin embargo, sus respuestas pueden ser incompletas y no sustituyen un diagnóstico ni las indicaciones de un profesional. Por ello, la educación para la salud debe conectar el uso responsable de la tecnología con la atención preventiva.

Las decisiones sobre el cuidado de la salud también tienen una dimensión económica. Según las Cuentas Satélite de Salud del INEC, en 2024 los hogares asumieron directamente el 33,4 % del gasto de consumo final en salud. Esta realidad pone de relieve la importancia de incorporar la planificación financiera en la educación para la salud, como una herramienta para afrontar imprevistos médicos y proteger la estabilidad económica familiar.

En un entorno donde la información está disponible de inmediato, educar para la salud implica ayudar a las personas a evaluar lo que leen, reconocer cuándo necesitan atención profesional y comprender las implicaciones de sus decisiones. Así, la concientización y la prevención pueden convertirse en prácticas cotidianas de cuidado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *