Guayaquil.- Un día como hoy, 5 de octubre, hace 130 años, comenzó el denominado Incendio Grande de Guayaquil. Cerca de las 23h40 locales (04h30 GMT) de 1896 se inició un fuego que se prolongó durante casi 30 horas y transformó la ciudad. Las llamas arrasaron 92 manzanas y destruyeron 1.103 casas, lo que representaba aproximadamente el 20 % de la ciudad.

El impacto humano fue aún mayor: unas 33.000 personas, de una población cercana a 59.000 habitantes, quedaron sin hogar. Por número de manzanas destruidas, el siniestro superó a otros grandes incendios urbanos de la región, como el de Iquique, en 1875, cuando la ciudad aún era territorio peruano, que consumió más de 24 manzanas, y el de Valdivia, Chile, en 1909, que destruyó 18.

El fuego golpeó el corazón administrativo, comercial y residencial de Perla del Pacífico y eliminó prácticamente todo vestigio que podía quedar de los tres primeros siglos de la ciudad. Las estimaciones sobre las pérdidas ocasionadas alcanzaron los 18 millones de sucres.

La tragedia provocó una amplia respuesta solidaria. En Quito y otras ciudades del país se organizaron colectas para socorrer a los damnificados. Perú envió ayuda por vía marítima, Chile remitió provisiones y Argentina también aportó recursos para asistir a las víctimas del incendio.

Guayaquil ya contaba entonces con su Cuerpo de Bomberos, fundado en 1835, pero las condiciones para combatir un incendio de esa magnitud eran limitadas. Hoy, el Benemérito Cuerpo de Bomberos dispone de personal especializado, estaciones, vehículos y equipos modernos para enfrentar emergencias.

A esa capacidad se suma Segura EP, creada en junio de 2023 durante la administración de Aquiles Alvarez. Su Gerencia de Gestión de Riesgos identifica vulnerabilidades que puedan afectar a la población y coordina acciones de prevención, preparación y respuesta ante incendios, inundaciones y otros escenarios de emergencia.

A 130 años del Incendio Grande, recordar aquella catástrofe también permite dimensionar cuánto ha avanzado Guayaquil en materia de prevención y respuesta frente a los riesgos. La Dirección de Patrimonio Cultural mantiene viva esta memoria mediante conversatorios y actividades dirigidas a niños, con títeres, maquetas y mediadores disfrazados que acercan a las nuevas generaciones a las huellas del pasado y fortalecen su vínculo con la historia de la ciudad.

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