Teherán.- Tras cinco días de intensas protestas y enfrentamientos, Irán amaneció este martes 13 de enero de 2026 con un aparente retorno a la normalidad en su capital, Teherán, aunque la tensión política y social persiste. Medios internacionales como Reuters y el diario El País informaron que, según un alto cargo iraní, el número de fallecidos durante las manifestaciones se habría elevado a más de 2.000 personas, en lo que constituye uno de los episodios de violencia interna más graves en el país en los últimos años.

De acuerdo con las autoridades iraníes, las muertes incluyen tanto a civiles como a miembros de las fuerzas de seguridad, y han sido atribuidas a “terroristas”, según declaraciones recogidas por El País. Sin embargo, organismos internacionales y activistas han denunciado el uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas del orden durante la represión de las protestas.

Las movilizaciones, que comenzaron el pasado 28 de diciembre, alcanzaron su punto más crítico el jueves, cuando se registraron protestas masivas en gran parte del país. Los disturbios derivaron en actos de vandalismo contra edificios gubernamentales, entidades bancarias y símbolos religiosos. Fuentes oficiales señalaron que al menos 53 mezquitas fueron incendiadas y numerosos bancos quedaron destruidos.

Testigos consultados por EFE describieron escenas de “zonas de guerra” en distintos sectores de Teherán, con enfrentamientos nocturnos de gran intensidad entre manifestantes y la Policía, especialmente durante las noches del jueves y viernes. A pesar de ello, las autoridades han intentado proyectar una imagen de control y estabilidad, limpiando rápidamente los restos de los disturbios y reabriendo comercios y bancos que permanecían cerrados desde el inicio de la crisis.

En los últimos días, la presencia militar en las calles de la capital ha disminuido progresivamente, mientras el régimen organizó manifestaciones de apoyo encabezadas por simpatizantes del Gobierno. El líder supremo, Ali Jameneí, celebró estas concentraciones y aseguró que han frustrado lo que calificó como un complot de enemigos extranjeros, en referencia directa a Estados Unidos.

Pese al aparente retorno de la actividad cotidiana en Teherán, el clima de incertidumbre continúa, con restricciones intermitentes al acceso a internet, el cierre de negocios considerados solidarios con las protestas y una creciente presión internacional sobre el Gobierno iraní por el manejo de la crisis.

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