Ciudad del Vaticano.- «Desde la Franja de Gaza, el llanto de las madres y los padres que sostienen los cuerpos sin vida de sus hijos y que se ven obligados continuamente a desplazarse en busca de un poco de alimento y un refugio más seguro ante los bombardeos se eleva cada vez con más intensidad al cielo», han sido expresiones del Papa León XIV antes de finalizar la audiencia general.

«Renuevo mi llamamiento a los responsables», añadió el Pontífice, «alto el fuego, que todos los rehenes sean liberados, que se respete plenamente el derecho humanitario».

«María, Reina de la Paz, ruega por nosotros», deslizó. También se refirió a la guerra de Ucrania, y llamó a la paz.

«Renuevo enérgicamente el llamamiento para que cesen la guerra y apoyen toda iniciativa de diálogo y paz», añadió el Pontífice. «Pido a todos que se unan a la oración por la paz en Ucrania y dondequiera que haya sufrimiento a causa de la guerra», insistió.

Luego estuvo su enfoque religioso. «Hoy recordamos al Beato Cardenal Stefan Wyszynski, vuestro Primado del Milenio, quien durante el período de persecución de la Iglesia en Polonia, a pesar de su detención, se mantuvo como un pastor fiel a Cristo», dijo León XIV en la audiencia general, al saludar a los peregrinos polacos. «Con sacrificio y diálogo, trabajó por la unidad de la Iglesia y la sociedad», añadió.

«Que su testimonio sea fuente de inspiración para vosotros en vuestra preocupación por la Iglesia y por la patria», completó.

El Papa, a bordo del papamóvil abierto, entró en la Plaza de San Pedro, donde celebró la audiencia general esta mañana. El Pontífice recorrió los distintos sectores del óvalo de Bernini para saludar y bendecir de cerca a las decenas de miles de peregrinos presentes, procedentes de Italia y de todo el mundo.

«La vida está hecha de encuentros, y en estos encuentros nos mostramos tal como somos. Nos encontramos ante el otro, ante su fragilidad y su debilidad, y podemos decidir qué hacer: cuidarlo o hacer como si nada», dijo en la audiencia general, donde dedicó su meditación a la parábola del Buen Samaritano.

«La práctica del culto no implica automáticamente ser compasivo», explicó el Papa. De hecho, «antes que una cuestión religiosa, ¡la compasión es una cuestión de humanidad! Antes de ser creyentes, estamos llamados a ser humanos», subrayó.

Según el Pontífice, «es la prisa, tan presente en nuestras vidas, la que a menudo nos impide sentir compasión. Quienes piensan que su propio camino debe ser prioritario, no están dispuestos a detenerse por otro».

Y reiteró: «La religiosidad no tiene nada que ver. Este samaritano se detiene simplemente porque es un hombre frente a otro hombre que necesita ayuda».

Además, «la compasión se expresa con gestos concretos». «El samaritano se acerca —recordó—, porque si quieres ayudar a alguien no puedes concebir la distancia, tienes que involucrarte, ensuciarte, quizás contaminar; le venda las heridas después de limpiarlas con aceite y vino; lo sube a su caballo, es decir, se hace cargo de él, porque realmente ayudas si estás dispuesto a sentir el peso del dolor del otro; lo lleva a un hotel donde gasta algo de dinero, dos denarios, más o menos el trabajo de dos días; y promete volver y posiblemente pagar de nuevo, porque el otro no es un paquete para entregar, sino alguien a quien cuidar».

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