Ciudad del Vaticano.- Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor!», fueron las expresiones que dijo el Papa León XIV al final de su homilía, durante la misa que marcó el inicio de su pontificado.

«Con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad, una Iglesia misionera que abra los brazos al mundo, que anuncie la Palabra, que se deje perturbar por la historia y que se convierta en fermento de concordia para la humanidad», instó.

«Juntos, como un solo pueblo, como todos hermanos, caminemos hacia Dios y amémonos unos a otros», expresó el pontífice.

«Éste, hermanos y hermanas, quisiera que fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y de comunión, que se convierta en fermento de un mundo reconciliado», señaló.

«En nuestro tiempo, todavía vemos demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la Tierra y margina a los más pobres», añadió Prevost en su homilía.

«Y queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión, de fraternidad», indicó.

«Queremos decir al mundo, con humildad y alegría: ¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para convertirnos en su única familia: en el único Cristo somos uno», continuó el Papa.

Y «este es el camino que debemos recorrer juntos, entre nosotros pero también con las Iglesias cristianas hermanas, con quienes siguen otros caminos religiosos, con quienes cultivan la inquietud de la búsqueda de Dios, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para construir un mundo nuevo en el que reine la paz», sostuvo.

Según el Pontífice, «este es el espíritu misionero que debe animarnos: sin cerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo, estamos llamados a ofrecer a todos el amor de Dios, para que se realice esa unidad que no anule las diferencias, sino que valorice la historia personal de cada persona y la cultura social y religiosa de cada pueblo».

«He sido elegido sin ningún mérito y, con temor y temblor, vengo a ustedes como un hermano que quiere ser servidor de su fe y de su alegría, caminando con ustedes por el camino del amor de Dios, que nos quiere a todos unidos en una sola familia», dijo, palabras que fueron recibidas con un cerrado aplauso de los fieles presentes en la Plaza San Pedro.

«Amor y unidad: estas son las dos dimensiones de la misión confiada a Pedro por Jesús», subrayó León XIV en su homilía.

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