Ciudad del Vaticano.- A pedido del propio Papa Francisco que lo había comentado en muchas ocasiones que quería para sus funerales una ceremonia más rápida que las que se habían visto con otros Papas en el pasado, «con dignidad, pero como todo cristiano».
En un par de entrevistas había dicho que no quería ser exhibido en un catafalco y también reveló que será enterrado en Santa María la Mayor y no en la Basílica de San Pedro.
Luego decidió poner por escrito las nuevas reglas funerarias. Serán válidas (si no se modifican) para todos los Pontífices. Pero mientras tanto fueron escritas para su funeral y Jorge Bergoglio lo sabía.
Entre las innovaciones introducidas están la certificación de la muerte ya no en la habitación del difunto sino en la capilla, la deposición inmediata en el interior del ataúd, la exposición del cuerpo del Papa a la veneración de los fieles ya dentro del ataúd abierto y la eliminación de los tradicionales tres ataúdes de ciprés, plomo y roble. Otra novedad consiste en la introducción de las indicaciones necesarias para una posible inhumación en un lugar distinto de la Basílica Vaticana.
Por este motivo, desde hace tiempo la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas estaba supervisando, bajo la dirección de Francisco, la redacción y publicación de la segunda edición típica del Ordo Exsequiarum Romani Pontificis.
Ya había sido aprobado el 29 de abril de 2024 por el papa Francisco, quien recibió el primer ejemplar del volumen impreso el pasado 4 de noviembre.
«Una segunda edición era necesaria», explicó el arzobispo Diego Ravelli, Maestro de Celebraciones Litúrgicas, a los medios vaticanos, «en primer lugar porque el papa Francisco pidió, como él mismo declaró en varias ocasiones, simplificar y adaptar algunos ritos para que la celebración del funeral del obispo de Roma expresara mejor la fe de la Iglesia en Cristo resucitado.
El rito renovado, además, debía destacar aún más que el funeral del Romano Pontífice es el de un pastor y discípulo de Cristo, y no el de un poderoso de este mundo».
Se realizarán por lo tanto las tres clásicas «estaciones», una en la casa del difunto, otra en la Basílica Vaticana y otra en el lugar de la sepultura.
«Sin embargo – explicó Monseñor Ravelli – la estructura interna de las estaciones y los textos fueron revisados ;;a la luz de la experiencia adquirida con los funerales de San Juan Pablo II y Benedicto XVI».
Entre las innovaciones más significativas que presenciaremos en el funeral de Francisco está la simplificación de los títulos pontificios.
La primera estación «en la casa del difunto» incluye las novedades de la confirmación de la muerte en su capilla privada, en lugar de en la habitación, y la colocación del cuerpo en el ataúd individual de madera y en el ataúd interno de zinc, antes de ser trasladado a la Basílica (se eliminó el primer traslado al Palacio Apostólico).
La segunda estación, «en la Basílica Vaticana», contempla un único traslado a San Pedro, el cierre del féretro y la misa funeral. En la Basílica Vaticana, el cuerpo del Papa fallecido será expuesto directamente en el féretro y ya no en un féretro elevado, como pidió Francisco. Finalmente, la tercera estación «en el lugar de la sepultura» incluye el traslado del féretro al sepulcro y el entierro.
Queda por ver cómo será transportado el féretro desde San Pedro, donde tendrán lugar los funerales, hasta la basílica Santa María la Mayor, donde desde hace tiempo está preparada la tumba de Bergoglio.
¿Habrá procesión o, al estilo de Francisco, habrá una modalidad menos llamativa? Los Maestros de Ceremonias deberán decidirlo en las próximas horas, siguiendo también las indicaciones de la primera Congregación de Cardenales que se celebrará mañana.
