Quito.- Antes de que amanezca, miles de mujeres ya están trabajando en los campos ecuatorianos. Preparan la tierra, cuidan los cultivos, supervisan cosechas, administran pequeños negocios agrícolas y toman decisiones que impactan directamente la alimentación de sus familias y comunidades. Su trabajo comienza mucho antes de que los alimentos lleguen a nuestras mesas y, sin embargo, muchas veces permanece invisible.
Este 15 de octubre, el Día Internacional de las Mujeres Rurales nos invita a reconocer a quienes, con esfuerzo, conocimiento y resiliencia, contribuyen cada día al desarrollo de la agricultura ecuatoriana y a la seguridad alimentaria del país. Son mujeres que no solo producen alimentos; también generan oportunidades, preservan conocimientos ancestrales y lideran procesos de transformación en sus territorios.
La conmemoración cobra un significado especial este año, ya que 2026 ha sido declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para visibilizar la contribución de las mujeres en los sistemas agroalimentarios y promover acciones que permitan reducir las brechas que aún limitan su desarrollo.
Hoy, hablar de mujeres rurales es hablar de liderazgo, innovación y sostenibilidad. Su participación atraviesa toda la cadena de valor agrícola: desde la producción y transformación hasta la comercialización de alimentos. Gracias a su trabajo, miles de comunidades fortalecen su economía local y avanzan hacia sistemas productivos más resilientes frente a los desafíos climáticos y sociales.
La FAO reconoce que las agricultoras desempeñan un papel fundamental para la seguridad alimentaria, la nutrición y la estabilidad económica de los hogares rurales. Sin embargo, persisten desafíos importantes relacionados con el acceso a la tierra, el financiamiento, la educación, la capacitación técnica y otros recursos necesarios para desarrollar plenamente su potencial.
En Ecuador, esta realidad representa una oportunidad para seguir construyendo una agricultura más inclusiva y sostenible. Reconocer a las mujeres rurales implica escuchar sus experiencias, valorar sus conocimientos y garantizar espacios donde puedan participar activamente en las decisiones que moldean el futuro del agro ecuatoriano.
El acceso al conocimiento y a la innovación agrícola se convierte en un factor clave para acelerar este proceso. La capacitación, la asistencia técnica y el uso responsable de nuevas tecnologías permiten fortalecer la productividad, mejorar el manejo de los cultivos y aumentar la resiliencia frente a enfermedades, plagas y fenómenos climáticos. Para lograrlo, es fundamental que estas herramientas respondan a las necesidades reales de las mujeres rurales y consideren las características de cada territorio.



