Quito.- Octubre, declarado Mes de la Ciberseguridad, pone nuevamente sobre la mesa una pregunta que ya no corresponde únicamente a los equipos de tecnología: ¿cómo sabemos que la persona con la que interactuamos en internet es realmente quien dice ser? El desafío cobra especial relevancia en América Latina, donde las organizaciones registraron un promedio de 3.577 ciberataques semanales por organización en agosto de 2026, un incremento del 25% frente al mismo mes del año anterior, según Check Point Research.

Durante años, hablar de ciberseguridad significaba pensar en antivirus, contraseñas, firewalls o protección de redes. Pero el escenario está cambiando: un atacante no siempre necesita vulnerar un sistema para cometer un fraude; puede conseguir que una persona confíe en una identidad falsa.

La inteligencia artificial lleva este desafío un paso más allá. La generación y manipulación de contenidos mediante IA está haciendo más difícil distinguir entre una identidad real y una falsa, mientras los ciberdelincuentes pueden utilizar estas herramientas para aumentar la velocidad y sofisticación de sus ataques. En paralelo, el propio ecosistema empresarial está incorporando cada vez más herramientas de IA: el informe de Check Point sobre julio-agosto de 2026 señala que América Latina registra la mayor proporción de prompts de alto riesgo, uno de cada 29, asociados a potencial exposición de información sensible.

“Ya no basta con demostrar que tenemos acceso a un dispositivo o que conocemos una contraseña; necesitamos poder demostrar quién está detrás de una interacción digital. La tecnología está haciendo que falsificar una identidad sea cada vez más sencillo, por eso la respuesta debe estar en procesos que combinen identificación, autenticación, evidencia y trazabilidad”, señala Elías Barzallo, CEO de Uanataca by Namirial Company

Para Uanataca, el siguiente paso de la transformación digital es pasar de “digitalizar procesos” a construir procesos confiables. La combinación de verificación de identidad, autenticación, firma electrónica y servicios de confianza permite generar evidencia sobre quién realizó una acción, qué documento aceptó y cuándo ocurrió la interacción. En este escenario, la ciberseguridad deja de ser únicamente una responsabilidad del área de tecnología y se convierte en una condición para que empresas, instituciones y ciudadanos puedan relacionarse con confianza en el entorno digital.

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