Guayaquil.- De las calles de tierra a las empedradas y, posteriormente, al uso del hormigón. Así evolucionó la infraestructura vial de Guayaquil. Terminaba 1926, el Palacio Municipal estaba en construcción y el Concejo Cantonal, presidido por el Dr. Teófilo N. Fuentes Robles, discutía una reorganización institucional que marcaría el desarrollo de las obras públicas de la ciudad.
La propuesta consistía en reorganizar las oficinas de Obras Públicas, Agua Potable, Agrimensura y Seguridades Eléctricas. “Crear una Oficina Técnica que en adelante se denominará Dirección de Obras Públicas Municipales”, establecía la ordenanza, que también incorporaba un organigrama con su respectiva jerarquía administrativa.
Los dos primeros debates se realizaron el 17 y el 28 de diciembre de 1926; el tercero, el 11 de enero de 1927. La Secretaría asentó el documento el 15 de enero y, cinco días después, el jefe político, Dr. C. Nobia Cooke, dispuso su ejecución y publicación. La Revista Municipal de enero de 1927 recogió estas disposiciones.
La nueva Dirección asumió la elaboración de ordenanzas, reglamentos, estudios, proyectos y presupuestos de pavimentación. También debía actualizar planos de tuberías, redes eléctricas y grifos contra incendios; inspeccionar el alumbrado público; y registrar la intensidad del tráfico, el consumo de agua potable y la producción de las canteras municipales.
Su estructura estaba integrada por 27 personas, entre ingenieros, arquitectos, peritos, inspectores, ayudantes y guardianes, además de los jornaleros necesarios para ejecutar las obras. Su antecesora fue la Oficina o Sección de Obras Públicas, dependencia a la que el Concejo encargaba anteriormente estos trabajos.
Los antecedentes documentales también revelan preocupaciones que persisten un siglo después. Un informe técnico de siete páginas, fechado el 20 de octubre de 1926, advertía sobre las vulnerabilidades de Guayaquil ante la próxima estación lluviosa. Proponía abrir zanjas, limpiar cloacas y desagües, así como destapar tuberías y alcantarillas. Estas intervenciones guardan similitud con las contempladas en el Plan Preinvernal y el Plan Choque que ejecuta EMAPAG-EP en 2026.
El 1 de noviembre de 1926, anticipándose a la creación de la Dirección, el Concejo recibió dos listas de requerimientos firmadas por el ingeniero municipal I. Granja. La primera incluía teodolitos, niveles de anteojos, prismas objetivos cenitales, miras de nivelación y otros equipos, presupuestados en 8.172,92 sucres. La segunda contemplaba suministros de dibujo, lápices, cintas y otros materiales por un valor de 51 libras esterlinas, 10 chelines y ocho peniques, conforme al antiguo sistema monetario británico vigente en esa época.
Entre los primeros trabajos documentados de la nueva dependencia constan fotografías del antes y el después de las intervenciones en la avenida Eloy Alfaro. Los registros muestran la colocación de hormigón de 15 centímetros en veredas y calles, así como la reparación e instalación de alcantarillas y acometidas de agua potable.
La Dirección debía presentar informes trimestrales al Concejo Cantonal sobre la producción de las canteras municipales, el traslado de cascajo para el relleno de calles, el cumplimiento de los trabajos y las necesidades operativas. En diciembre de 1927 presentó su primer informe anual de gestión.
Estos testimonios se conservan en el Archivo Histórico Camilo Destruge de la Biblioteca Municipal. Entre ellos figuran oficios originales con hojas membretadas de la Dirección de Obras Públicas, el escudo de la ciudad y la leyenda “Guayaquil Independiente”.



