Quito.- A menudo asociamos el cáncer con dolores agudos o malestares evidentes. Sin embargo, en el sistema linfático, la red de defensas que protege nuestro cuerpo contra infecciones, las enfermedades pueden desarrollarse de forma silenciosa, camuflándose detrás de síntomas que se podrían confundir con enfermedades más leves, como una gripe, lo que retrasa a los pacientes de ir al doctor porque no se dan cuenta que tienen cáncer.

Cada 15 de septiembre, en el marco del Mes de Concientización sobre el Cáncer de la Sangre, se conmemora el Día Mundial del Linfoma. Esta fecha busca educar a la ciudadanía sobre cómo aprender a escuchar las señales del cuerpo, entender cómo operan las defensas del organismo y actuar a tiempo mediante un diagnóstico oportuno. 

El linfoma en nuestro cuerpo

El sistema linfático está compuesto por vasos, nódulos y ganglios que transportan linfocitos, los glóbulos blancos encargados de combatir enfermedades. El linfoma se origina cuando estas células de defensa mutan, se multiplican sin control y se acumulan en los ganglios linfáticos, afectando la respuesta inmune de las personas.

Aunque existen más de 100 variantes, la medicina agrupa esta patología en dos grandes tipos:

  • Linfoma de Hodgkin: Se caracteriza por la presencia de una célula anormal llamada Reed-Sternberg. Es una variante altamente tratable y con grandes posibilidades de curación si se detecta a tiempo. No obstante, Latinoamérica registra la tercera tasa más alta del mundo para esta variante, concentrando el 13,23% de los diagnósticos globales.
  • Linfoma no Hodgkin: Es el tipo de linfoma más común y engloba más de 90 subtipos que que no tienen células de Reed-Sternberg. En Ecuador, se registran 1.211 casos y 572 fallecimientos anuales.

Una enfermedad difícil de detectar a tiempo 

Uno de los mayores desafíos del linfoma es que en sus etapas iniciales no suele causar síntomas. Además, sus manifestaciones varían según el tipo de variante y la zona del cuerpo afectada. Por ello, es clave prestar atención a las siguientes señales de alerta:

  • Un bulto que no duele en el cuello, las axilas o la ingle, y que no desaparece.
  • Fiebre y sudoraciones nocturnas intensas.
  • Fatiga y pérdida de peso sin causa aparente.
  • Picazón en la piel, tos persistente o dolor en el pecho o el abdomen.

Si bien las causas del linfoma aún no están del todo claras, se ha identificado factores de riesgo clave como los antecedentes familiares directos, ciertas infecciones (como VIH o Epstein-Barr) y una respuesta inmunitaria debilitada. Aunque ambos tipos son ligeramente más frecuentes en hombres, su impacto varía según la edad: el linfoma de Hodgkin suele diagnosticarse en jóvenes y adultos mayores, mientras que el no Hodgkin predomina personas mayores. Para confirmar el diagnóstico, el protocolo médico incluye análisis de sangre, tomografías o resonancias y, de forma definitiva, una biopsia.

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