Quito.- Durante agosto y septiembre, las condiciones más secas en varias zonas de la Sierra ecuatoriana representan un desafío para los productores agrícolas. De acuerdo con los boletines agroclimáticos del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), en amplias zonas agrícolas predominan condiciones de humedad superficial seca y muy seca, lo que puede afectar la germinación y el desarrollo inicial de cultivos como papa, maíz, quinua, cebolla y hortalizas.

Ante este escenario, la salud del suelo se convierte en un factor determinante para conservar el agua disponible y proteger la productividad. Un suelo con buena estructura, materia orgánica y cobertura vegetal tiene mayor capacidad para infiltrar, almacenar y suministrar humedad a las raíces durante los periodos de menor precipitación.

“En la agricultura actual no basta con esperar la lluvia. La verdadera diferencia está en la capacidad del suelo para conservar agua, alimentar las raíces y sostener la productividad de los cultivos durante los periodos secos. Invertir en salud del suelo es invertir en resiliencia, rentabilidad y sostenibilidad para el futuro del agro ecuatoriano”, señala Stephanie Valquinta, gerente de país de BASF Ecuatoriana.

La humedad del suelo, un factor clave desde la siembra

El déficit de humedad puede afectar al cultivo mucho antes de que aparezcan señales visibles como marchitamiento o pérdida de vigor. Durante las primeras etapas, cuando las raíces todavía son poco profundas, una baja disponibilidad de agua puede dificultar la germinación, limitar el desarrollo radicular y reducir la absorción de nutrientes.

Por ello, mantener el suelo cubierto con residuos vegetales, incorporar materia orgánica, reducir la remoción excesiva y optimizar las prácticas de riego son acciones que ayudan a disminuir la evaporación y aprovechar mejor el agua disponible.

Tecnología y planificación para una agricultura más resiliente

El monitoreo de la humedad, el análisis del suelo y el acceso a información agroclimática permiten anticipar riesgos y tomar decisiones oportunas. Sensores, estaciones meteorológicas y herramientas de agricultura de precisión también contribuyen a optimizar el uso del agua y mejorar el manejo de los cultivos.

En este contexto, BASF recomienda mantener los suelos cubiertos, monitorear constantemente la humedad disponible, evitar prácticas que aceleren la evaporación y consultar información agroclimática para planificar las labores agrícolas durante los meses más secos.

Cuidar la humedad del suelo no solo contribuye a proteger los cultivos frente al estrés hídrico, sino que también puede favorecer un uso más eficiente del agua y los fertilizantes, ayudando a construir una agricultura ecuatoriana más sostenible y preparada frente a la variabilidad climática.

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