Guayaquil.- Después de 10 meses de formación ambiental, 60 participantes de los ecoclubes de Puerto Hondo y Batallón del Suburbio compartieron con la ciudadanía los conocimientos adquiridos sobre biodiversidad, contaminación por plásticos y protección de ecosistemas costeros, durante la clausura de la Feria Ruta del Manglar al Océano en Plaza Guayarte.

Lo que para muchos fue una jornada de aprendizaje, para ellos representó la oportunidad de asumir el papel de educadores ambientales. A través de cinco estaciones temáticas (Explora, Siente, Reconecta, Actúa y Emprendimientos Ambientales) guiaron a los visitantes por un recorrido sobre la importancia de los manglares, su conexión con el océano, las especies que dependen de estos ecosistemas y las acciones cotidianas que contribuyen a su conservación.

La actividad marcó el cierre de un proceso impulsado por la Fundación Amiguitos del Océano, en cooperación con la Dirección de Ambiente del Municipio de Guayaquil. Durante casi un año, los participantes fortalecieron sus conocimientos mediante sesiones semanales, talleres prácticos y teóricos, además de recorridos por Cerro Blanco, el río Guayas, museos y espacios de Malecón 2000.

“Queremos no solamente compartir conocimiento, sino generar un momento en el que ellos puedan desarrollar esas habilidades de ecolíderes que han venido fortaleciendo durante este tiempo”, explicó Daniela Hill, directora de la Fundación Amiguitos del Océano.

Uno de los protagonistas fue John Yagual, de 11 años e integrante del Ecoclub Puerto Hondo, quien aprovechó el encuentro para transmitir un mensaje sobre la responsabilidad de proteger el entorno. “Es importante cuidar los manglares porque sus árboles ayudan a purificar el aire y los océanos permiten que vivan los peces. A las futuras generaciones les diría que no utilicen tanto plástico porque tarda mucho tiempo en deshacerse”, expresó.

La experiencia permitió que los aprendizajes adquiridos en los ecoclubes trascendieran los espacios de formación y llegaran directamente a la comunidad, demostrando cómo la educación ambiental puede convertir a niños y niñas en agentes activos de cambio dentro de sus territorios.

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