Guayaquil.- Aunque fueron creadas con más de un cuarto de siglo de diferencia, dos obras ganadoras del Salón de Julio dialogan desde una misma preocupación: reflejar las heridas sociales de su tiempo. Esa coincidencia fue analizada por los artistas Xavier Patiño y Hernán Zúñiga Alban durante un conversatorio realizado en la Sala Permanente de Arte del Museo Municipal de Guayaquil.
El encuentro permitió reflexionar sobre cómo el arte se convierte en testimonio de los acontecimientos que marcan a una sociedad y deja una huella de las realidades que atraviesan distintas generaciones. Xavier Patiño, ganador del Salón de Julio en 2002 con la obra Muerto en Murcia, obtuvo el reconocimiento a los 26 años.
Su pintura aborda el drama de los ecuatorianos que emigraban en busca de oportunidades y regresaban al país sin vida. “Así como fueron en busca de mejores días también regresaron como equipaje. Eso también afecta a la gente que se quedó aquí esperando a que su familiar le retribuya con un dinero”, indicó.
El artista también compartió una anécdota relacionada con la propuesta visual de la obra: “Este cuadro (y otros míos) en algunos casos, cuando llegaba a algunas muestras pensaban que estaba embalado y le sacaron el plástico, para exponerlo, entonces les dije que el plástico es parte de obra”, acotó.
Por su parte, Hernán Zúñiga Alban, ganador del primer lugar del Salón de Julio en 1976, 1978 y 1987, además del segundo lugar en 1986, recordó el contexto que inspiró Liturgia de la Represión, obra con la que se consagró a los 28 años.
A través del predominio del color rojo, la pintura retrata la violencia ejercida por las dictaduras militares en América Latina durante la década de los setenta. “En los años 70 se vivió un contexto de represión, de tiranía, de crímenes de genocidio, por ejemplo, en Argentina, muchas desapariciones, mucha persecución, secuestro por parte del poder (…) En el caso de Chile con Pinochet y en el caso de Ecuador ni se diga (…) Todos los personajes eran monstruos”, expresó.
A pesar de la distancia temporal entre ambas creaciones, las dos retratan escenarios marcados por la pérdida de vidas humanas y la vulneración de derechos fundamentales, ya sea por la migración forzada o por la represión política.
Estas y más de 60 obras patrimoniales pueden apreciarse en la Sala Permanente de Arte, ubicada en el primer piso del Centro Cultural Olmedo, de martes a sábado, de 09:00 a 17:00.
