Quito. — En Ecuador, el campo no solo alimenta al país: lo sostiene. Cada jornada, miles de agricultores se levantan antes del amanecer para sembrar esperanza en cultivos de banano, cacao, flores o arroz. Pero mientras la tierra responde, hay un riesgo silencioso que sigue creciendo: la seguridad de quienes la trabajan.
Las cifras son claras y alarmantes. Hasta la semana epidemiológica 05 de 2026, se han registrado 38 casos de intoxicación por exposición a insumos agrícolas, según la Dirección Nacional de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Salud Pública (MSP), en conjunto con el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIATOX). Detrás de cada número hay una historia real: trabajadores, en su mayoría hombres de entre 20 y 49 años, afectados en provincias clave como Guayas, Manabí, Los Ríos y Morona Santiago.
Este no es un dato más. Es una señal de alerta.
El riesgo que no siempre se ve, pero siempre impacta
Trabajar la tierra implica enfrentar condiciones exigentes. Sin embargo, uno de los peligros más persistentes es invisible: la exposición a sustancias utilizadas para proteger los cultivos.
Las consecuencias pueden sentirse de inmediato o aparecer con el tiempo:
- Sensación de ardor en la piel o en los ojos
- Dificultad para respirar
- Mareo, fatiga o malestar persistente
- Daños acumulativos por exposición prolongada
A esto se suman prácticas que aún persisten en el campo: manipular productos sin protección completa, reutilizar equipos deteriorados o incluso comer durante las aplicaciones. Pequeños descuidos que, repetidos día tras día, pueden convertirse en grandes riesgos.
Seguridad que protege vidas y también productividad
Porque cuidar al agricultor no es solo una responsabilidad: es una inversión directa en la sostenibilidad del agro.
Para BASF, este principio es claro y contundente:
“No existe productividad sin seguridad. Proteger al agricultor es proteger el sustento de comunidades enteras y garantizar una agricultura sostenible a largo plazo”, afirma Fernando Mora, líder del programa Stewardship para Ecuador y Colombia.
Desde esa visión, la compañía impulsa soluciones que van más allá del rendimiento de los cultivos: buscan proteger a quien está detrás de cada cosecha.
El uso adecuado de Equipos de Protección Personal (EPP) marca la diferencia entre la exposición y la prevención. Elementos como:
- Respiradores que filtran el aire antes de llegar a las vías respiratorias
- Gafas y viseras que resguardan la vista
- Guantes resistentes a químicos que aíslan la piel
- Ropa impermeable que evita el contacto directo
- Botas de caucho que protegen desde el suelo
No solo reducen el riesgo. Generan confianza. Tranquilidad. Bienestar.
Y cuando estos equipos cuentan con certificaciones internacionales como la ISO 27065, diseñadas específicamente para el trabajo con insumos agrícolas, la protección alcanza un estándar superior.
