Guayaquil.- Con una Eucaristía, presidida por el Nuncio Apostólico en Ecuador, Mons. Andrés Carrascosa, el lunes 25 de agosto se inauguró el VIII Sínodo Arquidiocesano de Guayaquil, bajo el lema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”.
Después de 27 años, este acontecimiento marca un hito en la vida eclesial y social de la ciudad. El Sínodo no solo convoca a los fieles católicos, sino que también se convierte en un espacio de reflexión y diálogo con la sociedad en su conjunto, en un momento en que Guayaquil y el país demandan unidad, esperanza y compromiso frente a la pobreza, la violencia y la exclusión social.
El Sínodo involucra a laicos, diáconos, sacerdotes y consagrados, en corresponsabilidad con los obispos. De esta manera, la voz de familias, jóvenes, profesionales y agentes pastorales se une a la de ministros ordenados, expresando la riqueza de vocaciones y carismas presentes en la Iglesia local.
•Un proceso histórico y transformador
La última vez que la Iglesia de Guayaquil convocó a un sínodo fue en 1998. Hoy, casi tres décadas después, esta edición propone revisar estructuras, fortalecer la misión evangelizadora y responder a los desafíos culturales, digitales y sociales de nuestro tiempo.
“El Sínodo no es un evento reservado a la Iglesia, sino una oportunidad para toda la ciudad. Busca promover una cultura de paz, justicia y solidaridad, ofreciendo signos de esperanza a quienes viven en situaciones de exclusión, migración, pobreza o violencia”, destacan los organizadores.
